Leer hoy: hábitos y tendencias
Hace apenas unos días, el pasado 23 de abril, volvimos a celebrar la fiesta de los libros: encuentros, firmas, tertulias,... y libros, siempre libros. Pero, más allá de la celebración, nos preguntamos: ¿seguimos leyendo? ¿qué leemos? ¿quiénes leemos? ¿dónde y cuándo? Os invitamos a conocer de cerca cómo leemos hoy.
Leer hoy: hábitos y tendencias
Los últimos estudios sobre hábitos lectores —especialmente el Barómetro de Hábitos de Lectura 2025 del Ministerio de Cultura y la Encuesta de Participación Cultural en Euskal Herria 2024— permiten trazar una panorámica actualizada sobre la lectura. Ambos dibujan un panorama, en apariencia, optimista: se lee más. El primero de los informes sitúa la lectura por ocio en torno al 66%, con un crecimiento especialmente notable entre los jóvenes (entre los 14 y 24 años). También la encuesta realizada a nivel de Euskal Herria confirmaba esa tendencia ascendente en 2023 (el 76,6 % de la población había leído al menos un libro — por entretenimiento, no vinculado a los estudios o el trabajo — durante ese año). Pero, como suele ocurrir con las estadísticas culturales, lo relevante no es solo cuánto se lee, sino cómo, qué y para qué.
A nivel de España, todas las comunidades autónomas registran avances en cuanto a sus índices de lectura. Destaca, en segunda posición, el País Vasco con un 70,1%. Centrándonos en nuestro entorno más cercado y según datos de 2023, los lectores más habituales se sitúan entre los 55 y 64 años y, en cuanto a su distribución geográfica, los alaveses leen más que los vizcaínos y los guipuzcoanos.
Quiénes leemos
Los informes coinciden en que la lectura gana presencia en el tiempo de ocio. No obstante, distintos análisis del informe señalan matices metodológicos: la categoría “lectura” incluye prácticas diversas (libros, prensa, contenidos digitales, lecturas profesionales), lo que puede influir en la interpretación de los datos globales. Esto no invalida el dato, pero sí lo matiza: leemos más, aunque quizá de forma más discontinua, más fragmentaria. De hecho, hay quien se pregunta: ¿se puede considerar lectora a una persona que lee esporádicamente?
En cuanto a los perfiles lectores, estos están determinados en gran medida por la edad, el sexo, el nivel educativo y el lugar de residencia. De hecho, según el Barómetro el perfil de lector en España sigue siendo el de una mujer joven, con estudios universitarios, que vive en ámbito urbano. Destacan además dos datos. Por una parte, el aumento del número de personas lectoras mayores de 65 años, con un incremento de 13 puntos porcentuales desde 2017. Por otra, el crecimiento de la lectura entre los jóvenes. Según los datos del Barómetro, por edades, la población lectora entre 15 y 24 años asciende a un 76,9 %. Eso sí, se plantean también algunas preguntas: ¿qué tipo de relación están construyendo con la lectura? ¿Es una práctica sostenida o episódica? ¿Compite o convive con otros consumos culturales más inmediatos?
Según la Encuesta de Participación Cultural en Euskal Herria también aquí las mujeres tienen un mayor hábito de lectura: el 78,1 % ha leído al menos algún libro. Y el 52,4 % cuatro o más libros. Por franjas de edad, es la población de 55 a 64 años la que más destaca por sus hábitos de lectura: el 82 % ha leído al menos un libro y el 60,6 % cuatro o más libros al año.
Dónde leemos
El libro en papel mantiene su hegemonía, pero el soporte digital (libros electrónicos, lectura en dispositivos móviles) sigue consolidándose, especialmente en contextos de movilidad o entre lectores jóvenes (situándose en el 33,2%), tal y como recoge el Barómetro. No estamos ante una sustitución, sino ante una convivencia de formatos. También el formato audiolibro continúa ampliando su número de usuarios (alcanzando un 9%), lo que confirma que este formato va ganando adeptos entre la población, especialmente entre la población más joven.
Quizá la clave no sea elegir entre papel o pantalla, sino entender cómo cada soporte transforma la experiencia: el papel favorece una lectura más lineal y profunda; lo digital facilita el acceso y la inmediatez.
Cómo leemos
¿Cómo leemos? ¿Dónde lo hacemos? Más allá de los indicadores cuantitativos recogidos en los distintos informes, se identifican nuevas formas de relación con la lectura. Observamos que leer ha dejado de ser una actividad estrictamente solitaria para convertirse también en una práctica compartida, comentada y visible que refuerza la motivación y el hábito y genera además comunidad.
Sin lugar a dudas, el impulso y fomento de la lectura siguen siendo un pilar clave de las políticas lectoras y de la programación de los centros culturales y, sobre todo, las bibliotecas (propuestas de lectura fácil no sólo como una herramienta de inclusión, sino como una ampliación del derecho a la lectura o actividades de mediación que presentan a la biblioteca como un espacio activo y vivo, no solo como un depósito de libros). Y es que, no basta con facilitar el acceso a los libros; hay que acompañar a los lectores.
Según datos del Barómetro, sigue creciendo el número de usuarios de nuestras bibliotecas, con un 29,8%, que son además una institución muy bien valorada (una puntuación de un 8,1 sobre 10).
Los datos hablan de crecimiento. Algunas voces matizan: depende de qué entendamos por leer. Y quizá ahí, en esa pregunta, se abre un espacio interesante. Porque ampliar la definición también significa reconocer nuevas formas de relación con los textos.
Leer ya no es solo recorrer un libro de principio a fin. Es también subrayar, abandonar, retomar. Es comentar, recomendar, escuchar. Es encontrarse con otros lectores. En ese contexto, los espacios de lectura adquieren un papel que va más allá del acceso. Son lugares donde la lectura se sostiene como algo valioso, compartido y significativo.
¡Sigamos leyendo!