Es la hora de las raíces y los perros amarillos
Tal día como hoy, en la hora de las raíces y los perros amarillos, hace ya veinticinco años, nos dejó Gabriel.
Y aquel día se cerraron sus ojos, pero no calló su voz:
mientras en mis ojos azules de mar muerto
pasa como un témpano lentísimo el silencio
Porque aunque sea la hora de las raíces y los perros amarillos, Gabriel no quedó en silencio. Gabriel quedó en su voz:
Es la hora de las raíces y los perros amarillos.
El hombre se pone como una máscara su silencio;
Se le llenan los ojos de yedra.